Hace un tiempo, mi corazón sufrió un accidente: sin previo aviso, se rompió en pequeños trozos. Algunos se perdieron y se volvieron polvo; los que quedaron de apoco y pasado el tiempo logré pegarlos con lo que encontré a la mano. Hubo días en que conté con pegamento firme, pero otros trozos solo logré encajarlos suavemente, estos últimos son los que, de vez en cuando, caen al suelo.
Me he dado cuenta
de que he perdido algunas piezas. Esto hace que mi corazón sufra en silencio;
se calla y no me avisa cuando las pierde, porque sabe cuánto trabajo me ha
costado mantenerlo funcionando.
Busqué por todos lados piezas que reemplazaran lo que he perdido, pero, lastimosamente, no se puede sustituir lo que alguna vez tuvimos. Quizás, algún día, mi corazón logre fabricar sus propias piezas; así, aunque siga perdiendo trozos, continuará latiendo como antes de aquel momento que se lo llevó todo.
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