Entrada la noche, los pensamientos comenzaban a apoderarse de su mente y alma; iniciaban poco a poco, como una chispa, para luego volverse una llamarada intensa que la quemaba por dentro.
Estos pensamientos de apoco la rodeaban; al principio eran cálidos y solapados, pero a medida que avanzaba la noche dejaban ver sus verdaderas intensiones. Como arenas movedizas, sin que nadie pudiera tenderle la mano, se hundía en estos pensamientos, los cuales sabían muy bien donde dirigir su atención para destruirla.
Mientras la noche sigue su curso, por fin el cansancio se apoderará de su mente. Es en este momento en que ellos pierden fuerza y sin darse cuenta las lágrimas se detienen, su mente se apaga y ellos se alejan hasta una próxima oportunidad.

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