Sentada junto a ella comenzó a leer su carta:
Mi querida,
Los días se hacen largos y más sombríos desde
que te fuiste, al principio habían ocasiones en que podía oírte e incluso
verte, esperaba que llegaras a mi casa, abrieras la puerta y entraras a darme
un gentil beso de buenos días.
Mi corazón dejo de latir un par de meses, el
recuerdo era doloroso e insoportable, pasaba momentos preguntándome ¿esto es
real?, ¿realmente ocurrió?, ¿de verdad te fuiste y me dejaste sola?, me sentí
muchas veces en el abandono, pensando en lo egoista que fuiste al no quedarte e
irte con él.
Déjame contarte que las noches eran de insomnio
y los días de letargo, me movía por inercia, porque no podía detenerme, debía seguir aunque no quería.
Al pasar el tiempo poco a poco se fue haciendo
más llevadera tu partida y aunque aún me duele no tenerte, agradezco el
tiempo que vivimos juntas.
Confieso que me haces mucha falta y que
probablemente te extrañare toda mi vida, te pido que vengas de vez en cuando a
visitarnos, en mis sueños te esperare para darte un beso y un apretado abrazo,
nos vemos hasta que llegue el día que nos volvamos a reencontrar.
Te seguiré amando por siempre Mamita.