COLOREANDO LO QUE SE VOLVIO BLANCO Y NEGRO

sábado, diciembre 17

290 días

 


"Lub", "Dub","Lub", "Dub","Lub", "Dub","Lub", "Dub","Lub", "Dub","Lub", "Dub","Lub", "Dub"
 

Cuando mis oídos escucharon ese sonido por primera vez supe que te amaría por el resto de mi vida y que incluso después de dejar este mundo seguiría amándote. Cuando por fin logre volver a la realidad mis ojos se encontraron con otra mirada que sentía la misma felicidad que yo en aquel momento. 

Nos dijeron que tu llegada sería en el mes de abril, que debíamos esperar 310 días. Serian semanas eternas pero llenas de cambios, asique estábamos ansiosos y felices. 

Al principio no todo fue color de rosas ya que  por  las mañanas las náuseas y el cansancio se apoderaban de mi cuerpo, así transcurrieron algunas semanas, hasta que por fin los malestares desaparecieron y comencé a sentirme mucho mejor, de esta forma transcurrieron los primeros meses. 

Por fin llego la primavera y en el mes de octubre te vimos en tu esplendor, te habías desarrollado tanto que supimos que serias niñita. 

¿Quieres saber que sentí al verte tan grande, creciendo dentro de mi panza?, pues un sin número de emociones me envolvieron, pero creo que la palabra que más se acerca a lo que sentí fue "admiración", ¿Cómo puede la vida surgir de algo tan pequeño?¿Cómo es posible que crezcas tan rápido, tan perfecta, tan sublime? quizás creas que exagero, que la vida a surgido de esta forma por siglos, que no somos especiales, pero sin embargo, cuando experimentas la creación, de alguna forma todo lo demás  se vuelve menos relevante. 

De pronto un día sentí un golpe en mi panza, fue extraño, no sabía como explicar esta nueva sensación, yo era la única que podía sentirte, por fin aterrice y me convencí que estabas ahí, conmigo. 

Entonces comenzaron las noches de desvelo, tus movimientos me despertaban y no dejaban que conciliara el sueño, pese a esto me encantaba sentirte, saber que estabas ahí me hacía sentir afortunada. 

Recuerdo el día en que mi mano sintió una de tus pataditas, de inmediato me sorprendí, había llegado el día en que tu Papá podría sentirte al igual que yo, era temprano, aun dormía, tome su mano y la puse encima de mi barriga, entonces hiciste la magia, un movimiento claro que dejo a tu papá impactado, lleno de felicidad y con una emoción que se podía ver en sus ojos. Era una realidad, estabas junto a nosotros creciendo. 

Todo iba bien, hasta que después de dos años la pandemia por fin nos alcanzó. El Covid  llego a romper nuestra tranquilidad, los días de felicidad se apagaron en un chispazo  y llego la época de preocupación, de miedo, de angustia, de culpa. Nos dijeron que algo pasaba contigo, que no crecías como deberías y que por lo tanto debíamos controlar tu desarrollo una vez por semana. Esta es la parte de la historia que todo se vuelve un poco sombrío, sentimientos de tristeza me inundaron, el temor de perderte o que algo malo te pasara me ahogaba, fueron los últimos meses más difíciles. 

Cada semana mi corazón se apretaba y dejaba de latir por instantes. Hasta que por fin llego aquel día, de pronto leí que algo andaba mal, lagrimas llegaron enseguida y la desesperación no me dejaba hablar. -hoy es el día, prepárate -dijo la doctora, llame a tu papá y comenzó la travesía. 

Tenía miedo, no voy a mentirte, se encontraba todo listo cuando comenzaron a buscarte dentro de mí, estando acostada en la mesa de operación,  tu papá me tomo de los hombros levantándome en el momento justo cuando tu cuerpo se desprendía del mío, pasaste dentro de un túnel de sabanas y llegaste a mi pecho. -Es hermosa, es hermosa- dije una y otra vez mientras te besaba. 



Naciste un día 25 de marzo y llegaste a revolucionar nuestras vidas. 


lunes, julio 18

Comienzo

Luego de  haber pasado algunas noches meditándolo, las razones de no proponértelo fueron muchas, pero algo dentro de mi no podía dejar de pensar e imaginar nuestra vida de una manera muy distinta a la que veníamos haciéndolo. 
2 años de una pandemia nefasta, una cuarentena autoimpuesta. El futuro por alguna razón en ese instante se veía muy lluvioso, nublado. 
Una chispa de algo distinto entro en mi mente,  ¿Por qué ocultar mis sentimientos? ¿Por qué negar lo que mi yo interno estaba queriendo encontrar?
recuerdo haberlo dicho primero en mi mente, sonó un poco extraño, pero no importo, ya que de la nada 
mi voz logro llegar a tus oídos y entonces supe que lo había hecho, te lo había propuesto. 
-Aun no- me dijiste, para luego finalizar diciendo -No estoy listo-
mi corazón se apretó lo suficiente como para lograr detenerlo por unos segundos.
Te entendí, la decisión no era algo fácil de tomar, además, sospecho que fue una gran sorpresa para ti. 
Algunos meses pasaron y de alguna manera atenuaste mi deseo, el tiempo transcurrió lentamente 
hasta que tu y yo nos encontramos nuevamente, nuestros ojos se toparon en el instante preciso en que tus labios caían en los míos, y entonces susurraste muy lento y suavemente  me dijiste - Estoy listo, hagámoslo- lo supe de inmediato, mi corazón que había perdido algunos latidos hace unos meses atrás de pronto latía con mucha fuerza y rapidez.  
Aquel fue el día en que todo comenzó, aquel fue el día en que decidimos que nuestras vidas tomarían un rumbo nuevo, el cual nos llevaría a experimentar el amor más inconmensurable que nunca creímos sentir.