Dulce como ayer
en el paraíso me quede
escuchando una voz
que decía un color,
cantando y bailando,
riendo y soñando
vuelvo a sentir el placer
de vivir.
Mi cerebro resarciéndose me libra del dolor que me provocan algunos hechos significativos, trata de protegerme cuando ya no hay mucho que proteger.